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jueves, 23 de septiembre de 2021

10. Un universo con objetivo

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1.   Introducción  
No tenemos evidencia de que exista algo anterior al universo; no hay huellas que sugieran  un objetivo o una intención para su existencia; todo lo que podemos saber ha ocurrido a partir del Big Bang siguiendo las leyes de la física. No concebimos objetivo para las galaxias, las estrellas o los mundos. El ADN no tiene objetivo ni lo tiene un organismo unicelular ni una planta ni un sapo ni un mono ni un hombre. Todas estas cosas existen porque la naturaleza se muestra capaz de construirlas. No hay una previa intención para su existencia. 
 
Sin embargo, en algún momento de su historia, el universo comenzó a generar cosas capaces de construir un objetivo. Una naturaleza sin objetivo hizo al perro, pero el perro persigue el objetivo de comerse un hueso; una naturaleza sin objetivo hizo al agricultor, pero el agricultor tiene el objetivo de sembrar la tierra. En general,  los objetivos son una propiedad de la inteligencia y esta es producto de un largo proceso evolutivo que no tuvo objetivo.  

Esta situación inicial, donde una naturaleza sin objetivo genera criaturas inteligentes con muchos objetivos, evoluciona hacia otra donde el objetivo de la inteligencia es uno solo; un objetivo único, que no es decidido por nadie y que se edifica siguiendo procesos naturales.
 
El principal impacto de la inteligencia, la cultura y la tecnología es dotar al universo de un objetivo único. A continuación, apoyados en todo lo que ya hemos dicho,  reconoceremos ese objetivo, veremos cómo se ha formado, desde cuando existe,  como se extiende por el universo, hasta dónde puede haber llegado en la actualidad y cuál es el significado de su existencia. Con estas ideas concluímos nuestro trabajo.


2.   Del Big Bang a las civilizaciones tecnológicas 

Sabemos que las civilizaciones tecnológicas son posibles porque nosotros somos una de ellas; pero deben ocurrir muchas cosas para que el vasto universo salte del Big Bang a las civilizaciones tecnológicas. Ya hemos contado la historia pero hagamos un resumen.

Después de un inicio vertiginoso y teórico, el universo desagua en una lenta y progresiva formación de galaxias. Un ejército de estrellas comienzan a encenderse y la radiación de energía funda el imperio de las estructuras disipativas en aquellos objetos astronómicos donde esa energía impacta. En el escenario molecular, las estructuras disipativas evolucionan por selección natural priorizando siempre a las más longevas. Finalmente aparecen complejos moleculares que, en medio del proceso disipativo, inducen otros complejos similares. Los complejos moleculares replicativos dan inicio a la química de la vida. De allí en más, la evolución hace el resto. Aparecen los replicadores, las células, la agregación y diferenciación celular, los animales,  las neuronas, las redes neuronales [5.1] [5.2], la inteligencia y la cultura. Nada de esto es una especulación porque nuestro mundo es un ejemplo concreto.

La cultura inicia un nuevo proceso evolutivo. Al igual que los genes, los replicadores culturales saltan de cerebro en cerebro haciendo copias, modificándose en cada copia y potenciando la selección de los más fecundos. La cultura evoluciona mucho más rápido que los genes y cuando el acervo cultural se nutre de objetos lo suficientemente perdurables, comienza a presionar sobre el medio ambiente de los genes, induciendo nuevas formaciones. 

Una cultura altruista actuando mucho tiempo sobre la selección de genes comienza a preferir mutaciones que mejoran el comportamiento altruista. Los mutantes empiezan a sentir cierta necesidad genética de priorizar el bienestar ajeno. El amor fraternal es ese sentimiento genético.

Cuando una especie es capaz de reconocer la existencia de una organización externa que la contiene, ya sea un grupo o una tribu o un  pueblo, y aprende a cooperar con ella, las sociedades se hacen más complejas y la tecnología se acumula y crece. Cuando la tecnología es suficiente para incrementar la edad promedio de las personas, se dispara un período de crecimiento acelerado donde la tecnología y la población se incrementan vertiginosamente, cada una impulsada por el crecimiento de la otra. Una vez iniciado el estallido, una tecnología umbral configura la capacidad autodestructiva y, de allí en más, la supervivencia de la civilización depende del tipo de comportamiento que haya desarrollado su especie.

Tenemos la certeza de que nuestro universo puede construir civilizaciones con tecnología potencialmente autodestructiva porque eso es precisamente lo que ha hecho en la Tierra.


3.   La irrupción de las civilizaciones tecnológicas estables

La mayoría de las civilizaciones con tecnología potencialmente autodestructiva podrían extinguirse como consecuencia de su impericia para controlar las alteraciones que producen [3]. Para poder superar el período crítico es necesario que sus especies tengan una genética mínimamente altruista. Hemos llamado M a este mínimo altruismo.  Si una especie cuenta con esa genética entonces puede superar la inestabilidad típica y volverse perdurable.

Con mayor precisión, dada una civilización donde t es su grado de desarrollo tecnológico, Td es la tecnología a partir de la cual una especie se vuelve potencialmente autodestructiva, a es el altruismo de su especie inteligente y M es el altruismo mínimo necesario, entonces la civilización se hace estable cuando

t\geq Td            y            a\geq M

La primera desigualdad marca el inicio de la inestabilidad típica; expresa que la civilización ya tiene la tecnología suficiente para destruirse a sí misma. La segunda desigualdad indica el grado de altruismo necesario para atravesar esa inestabilidad con éxito [1]. Cuando una civilización cumple las dos desigualdades, se configura una civilización tecnológica estable (en adelante, CiTE). Tenemos la certeza de que el universo puede construir civilizaciones que verifican la primera desigualdad porque nosotros mismos somos prueba de ello. El verdadero filtro está en la segunda desigualdad:  para configurar una CiTE es necesario que el altruismo supere cierta cota M.

Figura 2. Formación de CiTEs

Para que los individuos puedan implementar el altruismo necesario y atravesar la inestabilidad típica es preciso que cuenten con la genética adecuada. El amor es el sentimiento que impulsa a los individuos a asegurar el bienestar ajeno. Su biología es parecida a la de otros sentimientos más mundanos como la sed, el hambre o el sexo. El amor es una genética para presentar comportamientos altruistas.

La inestabilidad típica es un filtro al que llegan todas las civilizaciones, pero solo aquellas cuyas especies tienen la genética adecuada para desarrollar un altruismo mayor o igual que M se transforman en CiTEs y atraviesan el filtro (fig. 2). Los objetos que se seleccionan en el filtro son las civilizaciones tecnológicas pero la característica por la que se los selecciona es el amor fraternal, la capacidad genética de sentirse impulsado a priorizar el bienestar ajeno.

El filtro deja pasar a las civilizaciones altruistas y descarta al resto. No existen allí fuera civilizaciones tecnológicas estables egoístas. Si son egoístas son inestables. Si los individuos fueran egoístas no podrían controlar su tecnología; romperían todo en el intento y sus civilizaciones serían efímeras. Hay una suerte de censor cósmico que limita las formas estables de tecnología en el universo: cuando la tecnología es poderosa, las especies que la controlan son altruistas.

Librado a su suerte, el universo construye una genética para el amor fraternal. No hay un objetivo o una intención detrás; las leyes de la física fabrican amor en cierto grado porque es la única forma de sobrevivir a tecnologías mayores que el umbral autodestructivo. 

Es probable que el amor reverbere en nuestras mentes como una mezcla confusa entre el Jesús del catecismo, la prédica de nuestras madres, las definiciones de Fromm y el sentimiento hacia el sexo opuesto. Descontaminemos nuestras cabezas. El amor es un principio físico. Nadie lo ha decidido. Se construye naturalmente. Emerge como lo hace la inteligencia en una red neuronal; como lo hace la cultura en un grupo endogámico. Si una civilización atraviesa la tecnología umbral, su especie debe asegurar cierto altruismo mínimo para seguir existiendo. Así de simple.  Luego de construir vida, inteligencia y tecnología, el universo construye amor. Tal vez deba fracasar muchas veces y volver a intentarlo o ayudarse con estructuras que ya lo han conseguido, pero finalmente construye amor.

Las CiTEs no son solo formas estables de tecnología, "civilizaciones tecnológicas estables", como las hemos llamado; son realmente civilizaciones amadoras. El rasgo principal de una CiTE es su capacidad de amar fraternalmente; esa es la causa de su existencia; la estabilidad tecnológica es una consecuencia.

Todas las CiTEs tienen la misma cota M de altruismo; el mínimo altruismo necesario es universal. Aunque dos CiTEs no se hayan visto nunca, sus especies deben ser altruistas y su altruismo debe ser mayor o igual que M. Aunque las CiTEs hayan nacido en galaxias lejanas y ninguna señal haya tenido tiempo de saltar de una a la otra desde el inicio del universo, las dos civilizaciones tienen la misma cota M de altruismo. 

La inestabilidad típica es un filtro que construye CiTEs, y cuando el universo construye CiTEs, construye amor fraternal. Toda la estructura interna de una CiTE está dominada por el amor fraternal, su tecnología se dirige a aumentar el bienestar general, a embellecer la naturaleza y a prolongar las conciencias. El amor asegura además un permanente estado de felicidad

Al igual que nuestra civilización actual, las CiTEs estudian su espacio circundante, su sistema planetario, su Sol, las estrellas alrededor y las lejanas galaxias para conocer el origen, la historia y la dinámica del universo. La máxima presunción de una CiTE es que existan otras CiTEs y al igual que nosotros su objetivo es conocerlas y contactarse con ellas


4.   Agregados galácticos

Si dentro de nuestra galaxia las CiTEs son frecuentes, longevas, altruistas y se embarcan en el conocimiento de su espacio circundante, entonces está determinado que se conozcan, se contacten y se asocien. Nuestra galaxia ya podía contener CiTEs 8.000 millones de años después del Big Bang [2]. Si a las CiTEs les lleva 100 millones de años conquistar la Vía Láctea y la asociación entre ellas se forma durante la conquista, entonces 8.100 millones de años después del origen ya podía existir un agregado de CiTEs en la Vía Láctea.

Ya hemos visto como podría formarse un agregado en nuestra galaxia. Una primera CiTE conoce a la segunda y se asocia a ella. La sociedad entre la primera y la segunda se asocia a la tercera; la sociedad resultante se asocia a la cuarta y conforma un agregado mayor. Así sigue la historia cada vez: las  CiTEs asociadas conocen a una nueva CiTE y se asocian a ella. 

El agregado puede conocer especies con tecnología mucho antes de que dichas especies sean estables, o bien conocerlas cuando están atravesando la inestabilidad típica o cuando aún no han ingresado en el período de crecimiento acelerado o aún antes, durante la lenta evolución de la cultura nómade. En todos esos casos el agregado puede intervenir en la cultura vernácula para inducir una nueva CiTE y si tiene éxito asociarse a la CiTE resultante. Pero esta antelación es arbitraria y la intervención puede operarse mucho antes de que exista una especie tecnológica. Convenientemente tratado y esperando el tiempo suficiente muchos mundos pueden formar CiTEs, aunque la intervención inicialmente necesaria no sea cultural sino biológica y la espera pueda durar miles de millones de años. Si nuestro mundo era inerte hace 4.000 millones de años y ahora hay aquí una civilización tecnológica, entonces un agregado inteligente que dure miles de millones de años podría haber intervenido desde el principio.

Como si fueran colonias de bacterias en franca reproducción, 8.000 millones de años después del big bang ya podían acumularse borbotones de civilizaciones inteligentes en la Vía Láctea, capaces de asociarse entre sí y de intervenir en los mundos primitivos en medio y alrededor de ellas con el objeto de optimizar la producción de más y más civilizaciones tecnológicas estables.

El fenómeno va más allá de nuestra Vía Láctea; puesto que todas las galaxias se crearon al mismo tiempo siguiendo procesos similares, entonces todas comenzaron a producir CiTEs y agregados de CiTEs más o menos al mismo tiempo. Diremos redondamente que a partir de un instante T_c estimado en 8.000 millones de años posteriores al Big Bang, el universo comenzó a formar agregados dentro de las galaxias. T_c marca el inicio de la era de los agregados de CiTEs

Si bien la asociación de CiTEs debería ser un fenómeno universal, las características de la asociación no serían las mismas cuando se agregan mundos dentro de una galaxia que cuando se solapan y se asocian agregados galácticos ya formados. Si no se considerara un límite de velocidad, esta observación no tendría sentido, un agregado podría demorar casi lo mismo en trasladarse a un mundo de su galaxia que en intervenir otro de la galaxia vecina, pero en este trabajo estamos considerando que las cosas deben moverse bastante más despacio que la luz.

En la figura 3 mostramos cómo sería el proceso de formación de CiTEs dentro de una galaxia. El agregado de civilizaciones tecnológicas estables interviene en los mundos circundantes aumentando la probabilidad de éxito de los procesos evolutivos que se dan en ellos. Los mundos intervenidos primero producen vida y luego van enriqueciendo el sistema biológico generando especies cada vez más inteligentes. El objetivo de la intervención es obtener una especie tecnológica que pueda adoptar la genética necesaria para formar una nueva CiTE e integrarse al agregado. Como hemos dicho, si no existiera una intervención, todos estos procesos serían más lentos e improbables.


Figura 3. Crecimiento de un agregado de CiTEs 
Los agregados de CiTEs; actúan interviniendo los procesos evolutivos dentro de sus dominios de influencia con el objeto de sumar nuevas CiTEs a su estructura. (CiTE: Civilización tecnológica estable. C: Mundo con una especie cultural pre tecnológica.  Cuadrados verdes: Mundos con intervención biológica.  Círculos negros: Mundos Inertes.)


Todo indica que en nuestra galaxia ya existe uno de estos agregados porque han quedado huellas muy parecidas a una intervención inteligente orientada a que la humanidad desarrolle el altruismo necesario para atravesar una inestabilidad típica y transformarse en una CiTE.  [9.1] [9.2] [9.3]

El grado de altruismo de un agregado de CiTEs debe ser mayor que M porque M es la cota de altruismo de las civilizaciones que se asocian. De este modo 8.000 millones de años después de su inicio, el universo ya puede acumular especies con una genética para el amor fraternal, organizadas en longevas sociedades de civilizaciones.

El afloramiento de agregados de CiTEs es una acumulación de amor en el universo porque las CiTEs que los integran están regidas por una cultura del amor. Cuando el universo construye agregados de CiTEs construye amor. No hay allí ningún objetivo previo, la naturaleza impregna la galaxia de especies capaces de amar porque cuando las estructuras son civilizaciones tecnológicas, una selección natural la impulsa ciegamente a ello.

A partir de la primera CiTE, tiene sentido concebir una tecnología para viajes espaciales y una dinámica universal distinta, con objetos que saltan a voluntad de un mundo a otro. La irrupción de la tecnología espacial marca la aparición de los objetivos longevos. Intervenir en la evolución de un mundo pasa a ser una meta posible. T_c marca entonces el inicio de la era de la inteligencia; la galaxia encendió una luz y esa luz se hizo más brillante integrando una miríada de luces más pequeñas que no para de aumentar, un agregado inteligente formado por innumerables CiTEs

Dominios de influencia

A la región del espacio cuyos procesos evolutivos pueden ser potencial o efectivamente intervenidos por el agregado inteligente en un instante dado lo llamaremos dominio de influencia. Nosotros podemos ir y venir a la Luna, poner telescopios en órbita y explorar la superficie de Marte; de hecho, enviamos sondas al sistema solar para ver que hay allí y si hubiera cosas interesantes, podríamos ir en unos pocos años. El sistema solar es nuestro dominio de influencia. En cambio, tardaríamos decenas de miles de años en viajar hasta Alfa Centauri, la estrella más cercana y no sabemos si nuestra civilización aún existiría cuando volviéramos. Alfa Centauri no está en nuestro dominio de influencia.

A medida que las CiTEs se asocian, su  dominio de influencia se agranda. En la Vía Láctea podría existir un agregado inteligente cuyo dominio de influencia fuera un sector de la galaxia, toda la galaxia o una región formada por muchas galaxias.

Un dominio de influencia posee tres elementos 

  • un agregado de CiTEs (una asociación de civilizaciones tecnológicas estables)
  • mundos accesibles intervenidos por el agregado
  • objetos astronómicos accesibles no intervenidos.  

Fuera del dominio de influencia hay una región que el agregado puede conocer pero sobre la que no puede intervenir. La luz pudo llegar hasta las CiTEs trayendo información valiosa pero no hubo tiempo de viajar hasta esos sitios desde que nació el agregado.  Más allá se extiende la región no observada del espacio, un universo lejano del que aún no han llegado señales.

Notemos que nuestra ciencia divide al universo en dos: universo observable y resto, según que la luz haya llegado hasta nosotros o aún no haya tenido tiempo de llegar. Nuestro dominio de influencia, el sistema solar,  es tan chiquito que resulta insignificante para insinuar una nueva clasificación. Un agregado de CiTEs, en cambio, ya puede tener un dominio de influencia suficientemente extenso para permitir una nueva clasificación: 

  1. dominio de influencia; 
  2. resto del universo observable
  3. universo no observable. 

Los dominios de influencia son sectores del universo observable donde además es posible intervenir.

Cuanto mayor sea el número de CiTEs del agregado, mayor será el volumen del dominio de influencia. Pero esta relación no es continua porque la distribución de mundos en el universo sigue una estratificación evidente: los mundos se agrupan en galaxias, las galaxias se agrupan en nodos y los nodos se distribuyen a lo largo de filamentos (fig. 1). Si un agregado crece hasta que su dominio incluya toda una galaxia, seguir creciendo ya no será tan simple porque deberá saltar a la galaxia vecina, diez o veinte veces más distante que su propio tamaño. Esto hace que exista un orden natural en la conformación de dominios en el universo: primero se forman dominios galácticos y mucho tiempo después comienzan a solaparse. 


5.   Agregación de agregados

Según nuestras cuentas, unos 8.000 millones de años después del Big Bang, ya podían existir agregados galácticos. A partir de allí, la expansión tecnológica sólo habría desembocado en el solapamiento entre galaxias. 

Las galaxias tienen distintos diámetros y están a diferentes distancias unas de otras. La Vía Láctea tiene unos 200.000 años luz de diámetro y su vecina más cercana, la galaxia de Andrómeda está a 2,5 millones de años luz de nosotros. Para trabajar con números cómodos supondremos galaxias de 100.000 años luz de diámetro separadas un millón de años luz unas de otras. A una velocidad de un milésimo de c, el traslado de una galaxia a otra demoraría 1.000 millones de años que es lo que vamos a suponer. Si en efecto existe un agregado de CiTEs en la Vía Láctea desde hace 5.000 o 6.000 millones de años, entonces pudo haberse trasladado en línea recta desde aquí a cinco galaxias sucesivas. Si esto fuera así, el dominio de influencia máximo sería una bola de 10 millones de años luz en un universo observable de 40.000 millones de años luz.

Lo más probable es que cuando un agregado de CiTEs extienda su primer tentáculo hacia una galaxia vecina, 1.000 millones de años después de nacer, se encuentre con que allí ya opera otro agregado inteligente de similares características nacido más o menos al mismo tiempo. Cuando esto ocurre, el dominio de influencia del agregado de la galaxia viajera se solapa con el dominio de influencia del agregado local. ¿Qué sucede entonces?

En el capítulo 8 hemos expuesto las razones por las cuales se forma un agregado galáctico: las CiTEs intervinientes son suficientemente altruistas para comprender que la agregación es mejor que la agresión o la indiferencia; son decididamente parecidas porque atravesaron la misma inestabilidad, el mismo período autodestructivo, los mismos problemas originados por el crecimiento abrupto y la misma presión hacia comportamientos más estables.  

La situación frente al solapamiento de dos agregados galácticos distintos es similar pero más intensa. Los dos agregados han internalizado la cultura del amor. Sus tecnologías tienen por objeto procurar bienestar dentro de sus dominios de influencia interviniendo en los procesos evolutivos de sus mundos para cosechar nuevas formas estables de tecnología (fig. 3). La historia de cada uno es parecida y sus culturas son similares. Si 1.000 millones de años después de nacer un agregado se encuentra con otro en la galaxia contigua, invariablemente se asociará a él.

El resultado de la agregación de dos o más agregados de CiTEs es de nuevo un agregado de CiTEs. El dominio de influencia resultante es simplemente la unión de los dominios de los agregados intervinientes. Pero este hecho nos lleva a un resultado sorprendente: 1.000 millones de años después de la conformación del agregado inicial, todos los agregados galácticos tuvieron tiempo de viajar a las galaxias vecinas y asociarse a los agregados existentes. Como si fuera una fila de niños que de pronto se dan la mano y todos se conectan con todos, el universo observable ya puede integrar un único agregado tecnológico. Lo sorprendente es que el universo observable tiene decenas de miles de millones de años luz de diámetro ¿Cómo puede conformar un único agregado solo 1.000 millones de años después de construir el primer agregado galáctico? Sucede que la velocidad de agregación es mayor que la velocidad de la luz. Veamos un caso concreto.

Figura 4. Velocidad de traslado versus velocidad
de la información

Hemos supuesto que la separación promedio entre galaxias es de un millón de años luz, que cada galaxia ya ha construido un agregado de CiTEs y que cada agregado galáctico tarda 1.000 millones de años en llegar a la galaxia vecina y asociarse con el agregado local (fig. 4). En 1.000 millones de años, el agregado de la galaxia A se asocia con el agregado de la galaxia B, pero al mismo tiempo, B se aleja de A y se asocia con C. Si A integra un agregado con B y B se asocia con C entonces A está asociado a C, y el dominio de la gran asociación es la unión de los dominios de A, B y C.  Después de 1.000 millones de años, todas las galaxias deberían llegar a sus vecinas y agregarse con ellas, de modo que ya existiría un único agregado universal, producto de la unión de todos los agregados galácticos.

En el ejemplo, es obvio que  el agregado de A no tuvo tiempo de conocer al de C pero ya está agregado a él. Para que la información de C llegue a A debe hacer un buen viaje; primero deben transcurrir 1.000 millones de años para que el agregado de A llegue a B y el de B llegue a C, luego un millón de años para que la información de C llegue hasta B y otro millón de años para que viaje desde B hasta A.  Para que  A pueda interactuar físicamente con C, debe demorar 2.000 millones de años en llegar y establecer una base allí y otros dos millones de años para que el primer mensaje llegue de vuelta  desde la base. En total 2.002 años luz.

En resumen:

  • en 1.000 millones de años A se agrega a C
  • en 1.002 millones de años A conoce a C
  • en 2002 millones de años A interactúa físicamente con C 

La galaxia A se agrega a la galaxia C dos millones de años antes de conocerla y mucho antes de poder interactuar físicamente con ella. Esto puede parecer curioso pero el dominio formado por la unión de los agregados de A y C ya no es más el agregado galáctico de A o de C sino una nueva región del espacio a donde puedan intervenir CiTEs de A o de C, pero no necesariamente de ambas. Hay regiones del agregado resultante que pueden ser intervenidas por alguna civilización de la galaxia C a donde ninguna CiTE de A puede llegar aún. Los dominios de influencia crecen con la asociación de agregados a mucha mayor velocidad que c. Si su club se asociara con el mío, usted y yo seríamos socios aunque nunca nos hubiéramos visto.

Si los agregados galácticos nacieron hace más de 5.000 millones de años, entonces

  • Todas los agregados galácticos del universo se asociaron hace más de 4.000 millones de años.
  • El agregado de la Vía Láctea conoce otros agregados galácticos en un radio superior a los 4.000 millones de años luz.
  • El agregado de La Vía Láctea puede actuar en un radio superior a los 5 millones de años luz.

Si la velocidad de transporte físico fuera igual a c, (por ejemplo, desarrollando una poderosa tecnología para la teletransportación de objetos), la tercer alternativa desaparecería. Obviamente, si c tampoco fuera un límite para la velocidad de traslado las CiTEs podrían intervenir en cualquier sitio del universo desde que se formaron, hace más de 5.000 millones de años.  De modo que si usted se encuentra casualmente con un alienígena inteligente comprando en la verdulería, por favor no deje de preguntarle a qué velocidad viaja.



6.   Cultura en los dominios de influencia

En adelante, cuando hablemos de agregados de CiTEs nos estaremos refiriendo  por igual a sociedades subgalácticas, galácticas o multigalácticas de civilizaciones tecnológicas estables.

En el dominio de influencia de un agregado se pueden operar intercambios de replicadores culturales entre unas y otras CiTEs o intervenciones culturales de CiTEs a mundos previos. La cultura total de un dominio de influencia es sencillamente enorme pero nos interesan dos aspectos centrales

  • el altruismo
  • el conocimiento

A partir de cierto nivel, ambas características determinan el nacimiento de una CiTE, pero después de nacer, la relación entre el altruismo y la tecnología cambia y adquiere una forma específica: el amor es el objetivo y la tecnología es el medio. Esto ha sido explicitado en 6.2, La tecnología se utiliza dentro de una CiTE para aumentar el estado de felicidad de los individuos. Esta felicidad se consigue saciando la necesidad de bienestar ajeno y siendo objeto de la necesidad ajena de ir en busca de nuestro bienestar. 

La expansión del amor

Hay una manera obvia para argumentar la agregación de civilizaciones: asociarse es más adaptativo que no asociarse. Las CiTEs que crean agregados son mayoría, y todas conocen ese sesgo evolutivo, por lo tanto, todas se agregan. La otra forma de argumentar la agregación es mostrar que los individuos sienten la necesidad de agregarse. Ya hemos mencionado  el rol de este impulso dentro de las CiTEs pero ahora nos interesa ampliarlo a los dominios de influencia.

Cuando una CiTE se asocia con un agregado, el sentimiento de amor de los individuos de la CiTE se extiende a todos los individuos de las demás CiTEs. Pero a medida que la capacidad de amar continúa desarrollándose, el objeto hacia el que se proyecta la necesidad de bienestar ajeno trasciende al agregado y se proyecta a todo su dominio de influencia. El hambre, las enfermedades, las guerras, los embates de la naturaleza y todo lo que cause sufrimiento de los individuos de los mundos primitivos; perturbará también a los habitantes de las CiTEs quienes sentirán la necesidad de remontar la situación. Dentro del dominio de influencia, las formas más elevadas de bienestar y felicidad se presentan en las CiTEs asociadas, de modo que su objetivo será intervenir para cosechar nuevas CiTEs. Esa es la vía para fabricar felicidad dentro del dominio de influencia y saciar el deseo de felicidad ajena de los individuos del agregado.

El argumento es mucho más simple de lo que parece: el universo descarta cosas destructivas y acumula cosas constructivas porque las primeras duran poco y las segundas duran mucho. Cuando surgen civilizaciones con tecnología potencialmente autodestructiva, el universo solo conserva aquellas que no se autodestruyen, lo cual depende estrictamente del comportamiento que presenten los individuos. Si los individuos son altruistas y priorizan el bienestar ajeno la civilización puede sobrevivir. Si los individuos son egoístas y priorizan su propio bienestar aún en desmedro del bienestar general, a largo plazo se destruyen a expensas de su  tecnología. Para que la especie pueda interpretar el altruismo necesario la cultura presiona sobre ella [2] y construye una genética para sentir la necesidad de bienestar ajeno. Pero dentro de un agregado de CiTEs, "ajeno" ya no es solo el prójimo sino todo cuanto existe además de uno. Un  individuo que ama tiene por objetivo la felicidad de todo lo demás. El amor es un sentimiento que integra al individuo al resto del universo de una manera constructiva, persiguiendo su bienestar, y consecuentemente su longevidad. Cuando el universo construye naturalmente individuos capaces de amar está construyendo entidades capaces de convivir con cierto grado de complejidad. 

Si las entidades amadoras ya no son simples personas sino civilizaciones enteras, su capacidad constructiva aumenta. Cuando esas civilizaciones se asocian formando agregados galácticos, entidades individuales mucho mayores, esa capacidad se ensancha aún más; y cuando los agregados se agregan a su vez e incluyen muchos agregados galácticos, su carácter constructivo comienza a tallar en la estructura a gran escala del universo.

A nivel universal, todos los actores inteligentes deben tener el mismo objetivo: trabajar en pos de la felicidad dentro de su área de influencia, o lo que es lo mismo, amarla. La expansión del amor es un objetivo común.

Es muy importante repetir una vez más: Nadie ha decidido ese objetivo. Es un resultado natural del universo. Puesto a funcionar, el universo construye amor. No sabemos si otra física hubiera construido otras cosas, pero estas leyes solo construyen amor. El amor asegura la longevidad y la reproducción de las CiTEs y sus asociaciones. 

La expansión del conocimiento

Dentro de la cultura total de un agregado inteligente, existe un subconjunto de replicadores culturales que soporta el conocimiento. Dado que el universo es el mismo para todos, en su afán de conocerlo, todos los agregados construirán el mismo conjunto de replicadores. Todos los agregados construirán ideas para representar el hecho de que los mundos giran en torno a las estrellas; que las estrellas se agrupan en galaxias y que las galaxias se agrupan en cúmulos; todos sabrán que el átomo de helio tiene dos protones y dos neutrones y que a toda acción sigue una reacción. Los replicadores culturales necesarios para representar esas ideas son los mismos en todos lados; los acervos culturales de los distintos agregados contendrán un conocimiento común a todos ellos.

Resulta sorprendente que procesos naturales independientes, tal vez operados en civilizaciones causalmente desacopladas puedan coincidir en los mismos replicadores culturales. El universo funciona como catalizador del parecido. Distintas civilizaciones buscan conocer la misma cosa, entonces construyen un conocimiento similar, un conjunto de replicadores culturales parecidos.

Además, este núcleo básico de replicadores similares, asociados al conocimiento de las leyes físicas debería esclavizar y limitar también otros conjuntos de replicadores derivados de ellos. El caso más evidente es el de la tecnología. La tecnología es una consecuencia del conocimiento; no solo sabemos como es el universo sino también como hacer cosas dentro de él, dado que es como es. Si todos los agregados galácticos han aprendido a viajar por el espacio aún sin conocerse entre ellos, entonces debieron construir similares replicadores culturales para resolver idénticos problemas. Sus culturas son similares porque saben hacer las mismas cosas. 

Cuando se solapan dos agregados galácticos para construir un agregado mayor, se encuentran dos culturas parecidas y la cultura resultante de la asociación es mínimamente la unión de las culturas agregadas. Así, cuando crece el agregado crece su cultura, su conocimiento y su tecnología. El crecimiento de los agregados es también la expansión de  su conocimiento.

Parte del conocimiento que se unifica es la relación entre la complejidad de una estructura formada por individuos y el comportamiento de los mismos. Con las CiTEs nace el conocimiento de que la clave para su extraordinaria longevidad es el altruismo de los individuos. No solo se establece la relación, se adquiere un conocimiento consciente de esa relación. No solo se construye amor, también se adquiere el conocimiento de la importancia del amor para la estabilidad de las estructuras complejas. Y una vez que nace ese conocimiento perdura en las CiTEs y sus agregados


7.   Transición de fase

La gesta inteligente puede haberse iniciado a partir de cierto instante T_c que estimamos en 8.000 millones de años después del Big Bang, cuando nacieron las primeras sociedades de CiTEs y, junto con ellas, un objetivo para el universo. El entorno físico que imperó desde el Big Bang hasta el instante T_c, pudo  construir naturalmente estructuras inteligentes y un objetivo. A partir de entonces la evolución dejó de ser natural y comenzó a estar dirigida por estructuras inteligentes. En la figura 5 se representa ese gigantesco cambio de fase.

Figura 5. Línea de tiempo

 

La condición que hace estable a la tecnología es simplemente  la cultura altruista, y la genética necesaria para interpretarla es el amor. El amor estabiliza las estructuras complejas haciéndolas longevas, perdurables e intervencionistas, iniciando su expansión en el espacio. La expansión de las estructuras complejas es la expansión del amor. A partir del instante T_c puede iniciarse la expansión del amor. Nadie lo ha decidido, simplemente ocurre, como la formación de las galaxias o de las estrellas, porque es consecuencia de las leyes físicas. La existencia del instante T_c y de una transición de fase en la historia del universo  es la consecuencia de incluir formas estables de tecnología en la descripción. 

El conocimiento de que el universo construye una cultura altruista, también aparece en algún momento de su historia. Concretamente, aparece en el mismo momento de la historia, en el tiempo T_c, junto con las CiTEs. El universo construye a la vez un objetivo: expandir la cultura altruista, y su conocimiento de ese objetivo.  

La figura 5 muestra un quiebre en la evolución del  universo cuando aparecieron las primeras CiTEs. Podríamos haber graficado el quiebre en algún instante posterior, pero hace 8.000 millones de años ya podían existir CiTEs en la Vía Láctea. Desde ese momento en adelante, toda región del universo ya podría estar dentro del dominio de influencia de algún agregado. Eso significa que desde entonces  cada mundo del universo podría ser intervenido por algún agregado de civilizaciones. Dicho al revés: nace el intervencionismo de unos mundos sobre otros.  

La intervención que estamos proponiendo modifica las probabilidades de éxito de un proceso natural, pero no reemplaza ese proceso natural por otro artificial. Veamos un ejemplo. 

Cuando apareció la agricultura muchas especies vegetales sufrieron una colosal expansión. Nadie diría que la embriogénesis del trigo ha quedado en manos de los agricultores; ellos solo plantan las semillas y es la naturaleza la que sigue operando para fabricar nuevas espigas. Pero el agricultor abona la tierra, le hace surcos, elige el momento en que sembrar, arroja fungicidas, riega el plantío y finalmente lo cosecha. El proceso natural que fabrica el trigo es siempre el mismo, pero las actividades del agricultor han maximizado la eficiencia de esos procesos controlando todas las condiciones que lo afectan. Por este sencillo medio, el trigo se ha expandido a todos los rincones de la Tierra. Si bien es la naturaleza la que fabrica el trigo a partir de la semilla, es el agricultor quien gobierna el proceso creando las condiciones para asegurar una cosecha exitosa.

Algo similar imaginamos en la galaxia cuando se asocian las civilizaciones e intervienen en una región del espacio. Los procesos operados dentro de los mundos intervenidos siguen siendo naturales pero la intervención del agregado logra controlar a voluntad las condiciones en que se operan estos procesos aumentando su tasa natural de éxitos. Por esta razón decimos que a partir del período en que se forman los agregados inteligentes, los procesos evolutivos dejan de estar gobernados por la selección natural, aunque la naturaleza siga obrando, y pasan a ser gobernados por una intervención voluntaria y en pos de un objetivo.

Antes de que se solapen los agregados de unas galaxias con otras, toda región del universo podría estar siendo intervenida por algún agregado de CiTEs. Por esta razón, el universo construye un objetivo cuando nacen los agregados de CiTEs y no cuando se solapan los agregados galácticos, tal vez 1.000 millones de años después.

El principal impacto de la tecnología en el cosmos es inducir una transición de fase desde un universo sin objetivo hacia otro con objetivo. Esa transición, que hemos representado en la figura 5 es consecuencia de la irrupción de las CiTEs y sus agregados. 

El cambio de fase hacia un universo con objetivo implica muchas cosas. Si una asociación de CiTEs interviene en un mundo inerte, puede acelerar la posibilidad de que ese mundo desarrolle vida. Si un agregado de CiTEs interviene en un mundo con vida, puede acelerar las condiciones de que desarrolle una especie tecnológica. Si un agregado interviene durante la inestabilidad típica puede aumentar las chances de que su especie tecnológica construya una nueva CiTE. En consecuencia, la intervención inteligente puede acelerar todos los procesos evolutivos incrementando la frecuencia de sucesos exitosos respecto a su lento ritmo natural. Los agregados de CiTEs se transforman en un agente acelerador de los fenómenos evolutivos que intervienen en la producción de nuevas CiTEs. Esa aceleración resulta ser muy significativa. Los agregados crecen, sus dominios de influencia se agrandan, se solapan con los agregados de galaxias vecinas, se asocian con ellos y la agregación de agregados se acelera.

Cuando el universo ingresa en la fase inteligente, toda la evolución se acelera produciendo las mismas estructuras complejas que antes, pero a un ritmo mucho mayor.  

La película es simple cuando se la mira aceleradamente.

  1. El universo nace en el Big Bang.
  2. 8.000 millones de años después nacen las civilizaciones tecnológicas estables como resultado de procesos evolutivos poco probables funcionando en muchos candidatos. 
  3. La primera CiTE modifica esas probabilidades interviniendo en su región circundante haciendo que todos los procesos que llevan a la formación de nuevas CiTEs se acelere.
  4. Las CiTEs resultantes se asocian y forman un agregado que aumenta a su vez su capacidad de formar nuevas CiTEs.

Podría ser que el lector objete la datación  que hemos dado o que cuestione directamente la existencia de una transición de fase. Para él, esa transición está ocurriendo ahora, impulsada por la civilización humana. Nosotros afirmamos que todo esto ya se produjo hace mucho tiempo, no solo porque sería muy improbable que seamos los primeros (hay miles de trillones de mundos en el universo) sino porque existen evidencias de que nuestro mundo está siendo culturalmente intervenido para formar una CiTE


8.   El universo autoconsciente

Al comenzar la entrada dijimos que no hay evidencias de que el universo sea el resultado de un objetivo previo, pero que sus leyes son capaces de construir estructuras inteligentes con distintos objetivos. Así se construyeron estructuras progresivamente más complejas como la cultura y la tecnología, con una multitud de actores y objetivos. Pero cuando aparecieron las CiTEs y la tecnología se hizo estable, se configuró un objetivo único: la cultura altruista.

El universo construyó una cultura altruista por selección natural. Si vemos esa selección actuando sobre las civilizaciones con tecnología autodestructiva, las civilizaciones tecnológicas egoístas son inestables y se extinguen mientras que las altruistas son estables y perduran. Si pensamos la selección actuando sobre la cultura de esas civilizaciones, la cultura egoísta se extingue y la cultura altruista perdura. De este modo, la selección natural construyó similares grados de altruismo en todas las CiTEs. El universo no tiene un objetivo previo, pero puesto a funcionar, construye una cultura altruista.

Junto con la cultura altruista nace el conocimiento de la importancia de una cultura altruista. Parece un juego de palabras pero no lo es. Los habitantes de las CiTEs saben que el universo está seleccionando altruismo, que la existencia de sus civilizaciones se debe al grado de altruismo de sus culturas. Saben que una estructura tan compleja como una civilización tecnológica debe ser altruista para existir durante mucho tiempo. Lo saben y ese conocimiento es parte de sus culturas. Cuando el universo genera CiTEs, no solo produce altruismo en sus culturas, también está construyendo un conocimiento específico.

Afirmar que "el universo construye estructuras que conocen  la importancia del altruismo" es equivalente a decir que "el universo tiene la capacidad de conocer la importancia del altruismo". Sin embargo, la primera afirmación menciona algo que aparece en un instante concreto mientras la segunda afirmación solo menciona una característica del universo, sin referir instante alguno. Esta segunda forma es la que nos interesa aquí.

El universo tiene la capacidad de conocer la importancia del altruismo. La tuvo desde el primer día en que nació aunque sólo se haya configurado 8.000 millones de años después. El altruismo es lo que hace estables a las civilizaciones tecnológicas, de modo que el universo tiene la capacidad de conocer lo que hace estables a las civilizaciones tecnológicas. Pero la capacidad de conocer también es un atributo de esas civilizaciones, de modo que el universo tiene la capacidad de conocer lo que hace estable a la capacidad de conocer.  Como el universo es estable por definición, más allá de las estructuras que construya, lo único nuevo aquí es su capacidad de conocer. El universo está construyendo la capacidad de conocerse, pero la capacidad de conocer la propia existencia es la autoconciencia. 

El universo se está volviendo autoconsciente. No se trata de la consumación de un objetivo previo sino de algo que simplemente está ocurriendo, como la salida del sol o la alternancia de las mareas; fenómenos que antes no existían y ahora existen porque el universo los ha producido. Primero se construyeron las galaxias, las estrellas y los mundos; luego la vida, las células, los animales, la inteligencia, la cultura y tecnología. A continuación una selección natural configuró las formas estables de tecnología sobre la base de una cultura altruista. Las CiTEs fueron suficientemente complejas para interpretar ese altruismo y para soportar físicamente el conocimiento de la razón de su longevidad.  El universo obtuvo el conocimiento de la razón por la cual existe el conocimiento. Esa razón, ahora conocida por el universo, es el amor, entendido como la capacidad de las entidades individuales de sentir la necesidad de asegurar la existencia de la superestructura que forman. Y cuando los agregados de civilizaciones de unas y otras galaxias se solapan y se asocian con sus vecinas, la superestructura que forman llega a ser todo el universo y el amor llega a ser universal.

Si el amor se define como la capacidad de las entidades individuales de sentir la necesidad de asegurar la existencia de la superestructura que forman, es tautológico que el universo construye amor. No puede hacer otra cosa. Este y cualquier universo no pueden más que construir cosas que perduren. Si las estructuras son suficientemente complejas para contener conocimiento, entonces llamamos amor a esa capacidad de perdurar.

Este universo que nos rodea es mucho más que un simple conjunto de materia danzando al son de la gravedad y la expansión; es un universo que está conociéndose a sí mismo, que está reconociendo su propia existencia. Hasta donde podemos ver, se trata de un gigantesco fenómeno físico; no hay evidencias de un objetivo previo ni hay necesidad de él para explicarlo. Simplemente ocurre que el universo se está volviendo autoconsciente.


9.   El amor universal

Es común ver a los seres humanos como el instrumento por el cual el universo se está conociendo a sí mismo. Pero nuestra humanidad tiene dos problemas para constituirse en portadora del autoconocimiento universal:

  1. Somos fugaces, existimos desde hace muy poquito y nuestra permanencia aún no está asegurada
  2. No conocemos la relación entre el amor  y la longevidad de las estructuras que lo generan.

Sostenemos entonces que esa autoconciencia universal no comenzó con nosotros ni es fugaz ni reciente,  que empezó hace miles de millones de años y que las civilizaciones capaces de conocer al universo pueden ser realmente muy longevas. Afirmamos que hubo tiempo suficiente para que sobre la base de esas civilizaciones se haya montado una estructura mucho más rica y compleja y que la capacidad del universo de conocerse a sí mismo todavía se esté construyendo.

Pero lo más importante es que, a diferencia de nosotros, las CiTEs conocen la relación entre su longevidad y el amor. Son civilizaciones longevas porque los individuos en que se fundan se comportan para asegurar su longevidad. Es una tautología. Una sociedad como la nuestra, con individuos que calientan la atmósfera sin importar las consecuencias en las demás personas, que forman islas de basura en el mar y explotan más mundo del que tienen, no es una sociedad estable. La acumulación de degradaciones generará hambrunas, las hambrunas generaran guerras y las guerras serán muy peligrosas cuando ya exista una tecnología autodestructiva para fabricar armamentos. La longevidad de una estructura tecnológica se basa en el bienestar de sus integrantes porque el malestar genera inconformismo y a largo plazo atenta contra la estabilidad. Amar es sentir la necesidad del bienestar ajeno. El amor universal es el sentimiento de la necesidad de asegurar el bienestar de todo lo demás. El amor se soporta en una genética naturalmente estable. 

La extraordinaria longevidad de las CiTEs no es una propiedad de los individuos sino de las civilizaciones; no es consecuencia de la capacidad de amar de una sola persona sino del amor profesado por una masa crítica de individuos, el comportamiento emergente de  diez mil millones de personas que aman. La longevidad de las CiTEs es como la inteligencia en una especie biológica, que no es una propiedad de las neuronas individuales sino una capacidad emergente de muchas neuronas actuando a la vez. Que un individuo ame no alcanza para que la civilización que integra sea estable; la impericia de la mayoría podría extinguir a la civilización de todos modos.  La perpetuidad de una CiTE es un fenómeno emergente de muchos individuos dotados de una genética individual que les permite sostener una cultura altruista. 

A partir de allí, podríamos pensar que así como la conciencia individual es el resultado emergente de muchas neuronas interconectadas que transforma la aglomeración de células en una sola persona, existe en las CiTEs una conciencia unificada que es el resultado emergente de muchos individuos amándose entre sí.  Ver a la CiTE como un individuo permite pensarla como un actor inteligente, capaz de intervenir sistemas evolutivos tan longevos como los mundos y las civilizaciones.

Ya es difícil reconocer a una CiTE como una persona, más difícil aún es imaginar qué ocurre con la personalidad cuando se asocian muchas CiTEs y forman un agregado. ¿Existirá una nuevo ente individual emergente de la conciencia individual de muchas CiTEs?

No sabemos si existe algo parecido a una personalidad única emergente de muchos individuos que se aman o de muchas CiTEs que se agregan, pero de una cosa estamos seguros, la capacidad de amar nace en la genética de los individuos, su influjo hace estables a las estructuras altamente tecnológicas y se incrementa conforme se construye esta sucesión de CiTEs, agregados de CiTEs y agregados de agregados.

Llamamos amor universal a esa genética estable que el universo está construyendo sobre las estructuras complejas.


10.   Ideas que explican hechos

Estas ideas podrían considerarse un rebuscado ejercicio de la imaginación, pero en realidad responden algunas preguntas concretas. Aunque hemos explicado todo esto, vamos a repetir dos aspectos donde suponer el intervencionismo de las CiTEs sobre mundos menos evolucionados ofrece una mejor respuesta que la existente.

a) El altruismo humano

Hemos repetido muchas veces que las civilizaciones estables están invariablemente gobernadas por  una cultura altruista y que la genética adecuada para interpretar esa música es el amor. Ahora bien, explicar que el universo está incrementando la capacidad de amar puede parecernos sospechoso porque dentro de nuestra cultura, el amor ya es un sentimiento benéfico. ¿El universo está construyendo el bien? ¡Vaya sorpresa! ¿Después de verificar que no hay verdades absolutas ni una moral racionalmente válida descubrimos que el universo construye naturalmente justo aquello que nosotros creemos que es el bien... ? ¡Qué casualidad!

Lo que realmente hay que explicar es el origen de nuestra cultura altruista, nuestra idea de que el amor es el bien,  porque el humano es reciente y el altruismo universal ya podía existir antes de la formación de la Tierra. 

En la actualidad el altruismo es claramente ensalzado por la cultura humana: hacer el bien, ayudar a los demás, priorizar el bienestar general; nuestra moral venera al altruismo. Pero en la práctica, el sistema económico premia a los individuos más capaces de generar riquezas y eso incluye algunas características exactamente contrarias al altruismo; individuos que priorizan el interés personal, aunque sus acciones estén llenando la atmósfera de humo y calentando el planeta de todos. ¿Por qué razón el comportamiento elogiado es altruista y el premiado es egoísta? ¿Por qué elogiamos a las personas que piensan en los demás si luego premiamos a las que piensan en sí mismas? En general, si los individuos que dejan más descendencia son egoístas ¿de dónde hemos sacado el altruismo? Lo que requiere una explicación es el origen de nuestra cultura altruista; una cultura que ensalzamos pero no podemos practicar.

La situación se vuelve más entretenida cuando se incluye un nuevo elemento en la ecuación: sin una cultura suficientemente altruista la tecnología humana no podrá ser estable. El grado de altruismo humano es un factor de selección justo ahora, que tenemos una tecnología autodestructiva; pero debimos construirlo antes, cuando la naturaleza premiaba el interés personal (ver). ¿Por qué razón elogiamos el altruismo antes de que un escenario natural presionara a su favor?

El intervencionismo de las CiTEs (fig. 3) resuelve ese problema: El altruismo humano existe porque hubo una gigantesca intervención exógena en la cultura humana. Hemos mostrado de qué forma el cristianismo y el judaísmo dejaron huellas profundas de esa intervención. La idea era muy simple: Una intervención exógena debía presionar a favor de una cultura altruista; si la humanidad lograba construir en cierta medida una genética para los comportamientos altruistas, entonces podría atravesar la inestabilidad típica y conformar una nueva CiTE cuando la tecnología se volviera autodestructiva (ya hemos mostrado cómo una presión cultural actuando durante mucho tiempo puede construir una genética determinada). Este fue el principio rector de toda la intervención cultural. Mucho después de iniciada la presión altruista, cuando los hombres ya fueran capaces de comprender, habría que comunicar el mensaje claramente: "La humanidad se dirige hacia un choque con su medio ambiente; para superarlo con éxito es necesario que adopten un comportamiento altruista", esto dice esencialmente el cristianismo. Pero había que decirlo con tiempo para que se integre a la tradición de los pueblos.

La idea de un intervencionismo inteligente sobre la cultura humana también explica los aciertos de ciertas profecías acerca de una Tierra gastada y contaminada y de una drástica mortandad de especies, operada durante un tiempo final. No se trata de afirmaciones fantasiosas que casualmente coinciden con el actual choque entre el medio ambiente y la humanidad sino de la mención de un caso particular de un fenómeno general: todas las civilizaciones chocan con su medio ambiente cuando su tecnología se torna autodestructiva. Nuestra aceleración de crecimiento es típica, y. por lo tanto, se podía predecir un choque. Obviamente, los pastores de la época no conocían el carácter típico del choque.  Había que ser al menos una CITE.

b) La existencia de los hombres

Nuestra civilización parece ser muy poco probable. Algunas posiciones sostienen que la inteligencia ya es muy improbable, que resulta más adaptativo consumir menos energía que ser más inteligente a cambio de un cerebro costoso. Otros afirman que la propia vida es improbable, que aún no sabemos cómo explicar el origen de los replicadores moleculares.

El problema es simple de enunciar: si nosotros somos tan improbables ¿por qué existimos? 

Algunas respuestas sostienen que de todas las estructuras físicas que llegan a existir, solo unas pocas son capaces de preguntar por la razón de su existencia. La existencia de la pregunta probaría que nosotros somos uno de esos raros casos.  La explicación tiene gusto a poco: preguntamos por nosotros porque existimos y existimos porque preguntamos por nosotros.

El intervencionismo inteligente también resuelve este problema. Las CiTEs pueden ser muy improbables porque algunos procesos naturales que llevan a ellas tal vez sean muy esporádicos. Sin embargo en nuestra galaxia la evolución funcionó durante miles de millones de años en cientos de miles de millones de mundos, de modo que había una probabilidad alta de que surgiera una primera CiTE. A partir de entonces, la CiTE puede intervenir su espacio circundante aumentando superlativamente las probabilidades naturales de éxito de todos los procesos evolutivos. Tal vez sea muy improbable que un mundo desarrolle vida, pero si los mundos son intervenidos, pueden ser voluntariamente preparados y cultivados para albergar vida. Tal vez sea muy improbable que un mundo con vida evolucione por sí solo hacia una especie con cultura y tecnología, pero si la evolución biológica es intervenida, la probabilidad natural aumenta superlativamente (aún no hemos buscado indicios de intervención en el sistema biológico). Tal vez puede ser muy improbable que una especie tecnológica desarrolle la genética altruista necesaria para convivir con su propia tecnología durante mucho tiempo, pero si las CiTEs intervienen en su evolución cultural, la gesta es mucho más probable (allí sí hemos buscado y hemos encontrado huellas de intervención).

El intervencionismo es entonces una explicación sobre porque existimos los hombres pese a ser muy poco probables.


11.   Conclusión

El universo no tiene una intención previa pero puede construir especies inteligentes capaces de crearse objetivos. 

Algunas de esas especies inteligentes desarrollan cultura y tecnología y conforman una organización mayor. Cuando la tecnología se hace autodestructiva, la estabilidad de esas civilizaciones depende de la  capacidad de sus especies tecnológicas para comportarse en forma altruista.

La relación entre la cultura altruista y la posibilidad de sobrevivir se impone en el universo por selección natural. Las civilizaciones que existen son las que cuentan con la mezcla correcta. Creemos que el universo ya estaba en condiciones de producir CiTEs 8.000 millones de años después del Big Bang. 

Cuando las estructuras tecnológicas se estabilizaron, el universo hizo un quiebre y todos los procesos que evolucionaban naturalmente pasaron a ser supervisados por alguna estructura inteligente.

Junto con las CiTEs nace también un objetivo único para el universo: la cultura altruista y el conocimiento de su importancia para la estabilidad de las estructuras inteligentes.

Las CiTEs se agregan formando conglomerados galácticos y multigalácticos, expandiéndose y difundiendo un secreto a voces: la relación entre la estabilidad y el altruismo.

Mediante el accionar de los agregados inteligentes el universo se está autoconociendo. Su objetivo es esa autoconciencia creciente.

Existen profundas sospechas de que todo esto es más que una imaginación. Hay huellas de intervención en la cultura humana y evidencias de que algunos fenómenos propios de la evolución tecnológica en el universo (como la inestabilidad típica, el choque entre las civilizaciones tecnológicas y sus mundos y la importancia del altruismo para superar el choque), ya eran mencionados por nuestros antepasados hace miles de años. 

El intervencionismo inteligente explica nuestra existencia aunque la tecnología sea naturalmente muy improbable.

El comportamiento altruista emergente de muchos individuos puede traducirse en la conciencia individual de una estructura mayor. Desde esta perspectiva, las CiTEs pueden ser individuos. También pueden serlo los agregados de CiTEs, los agregados de agregados o todo el universo. Muchos creerán que no es posible y volverán una y otra vez sobre esta saga para mostrar los argumentos que faltan. Otros creerán todo a rajatabla porque la conclusión coincide con su pensamiento previo y pasarán por alto los detalles. En cualquiera de los dos casos, que el universo sea una persona es un hermoso final para esta historia.

Estamos firmemente convencidos de que la tecnología trasciende a la Tierra, que es un fenómeno universal que ha dejado evidencias reconocibles aquí si sabemos qué buscar, pero que va mucho más allá de nuestro pequeño mundo. Un fenómeno universal que existe desde hace mucho tiempo y que integra ya una nutrida estructura cuya naturaleza y su accionar hemos tratado de vislumbrar.



Cristian J. Caravello. 23 de septiembre de 2021




[1] Para que las desigualdades tengan sentido es necesario que t, Td, a y M sean números. Podemos ver al grado de desarrollo tecnológico como alguna medida de la cantidad de innovaciones tecnológicas y la difusión de esas innovaciones. Para cuantificar el altruismo usamos el impacto ajeno, un concepto similar al altruismo.
[2] Es muy poco probable que una cultura altruista llegue a existir naturalmente, sin una genética que la sostenga. Esto puede lograrse si esa escasa probabilidad tiene éxito el menos una vez, su especie funda una CiTE y esta interviene en otros mundos candidatos para aumentar la probabilidad de ocurrencia. (ver más)
[3]Una posibilidad similar enuncia la Teoría del Gran Filtro, en el tránsito del punto 8 (civilizaciones como la nuestra) al punto 9 (civilizaciones colonizadoras)



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sábado, 5 de junio de 2021

8. Civilizaciones en el cosmos

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1.   Introducción

Las líneas de tiempo del universo tienen una curiosa característica en común, todas se afanan en contarnos una apretada seguidilla de sucesos iniciales: el Big Bang, la hiperinflación, la separación de la materia y la luz, la formación de las galaxias y hace tal vez 3.000 millones de años, la aparición de los primeros planetas aptos para albergar la vida. Luego sigue otra apretada seguidilla que se inicia 9.000 millones de años después del Big Bang, donde aparecen el Sol, la Tierra, la vida, las células eucariotas, los metazoos, las redes neuronales, la cultura, la humanidad y un sinnúmero de cosas entre medio. Nadie parece notar que entre los 3.000 y los 9.000 millones de años se extiende un enorme bache de 6.000 millones en el que nada relevante parece haber pasado (Fig.1).

Afortunadamente la ignorancia es inestable; siempre hay un conocimiento latente tratando de destruirla.  La misma ciencia que construye  telescopios para escrutar el Big Bang y microscopios para mirar nuestro ADN, ya esta empezando a mirar el bache ignoto. Lo que sigue es una recreación imaginaria y racional de lo que podemos encontrar allí. 


Figura 1: Ausencia de eventos relevantes entre los 3.000 Ma y los 9.000 Ma



Nuestra propuesta es consistente con todo lo que ya hemos dicho en este blog. Hemos visto cómo la tecnología humana se disparó mejorando nuestro estándar de vida y aumentando a su vez nuestro riesgo existencial. Mostramos que la aceleración de crecimiento y el consecuente período peligroso conforman una  inestabilidad típica, común a toda civilización tecnológica; un período autodestructivo que puede ser muy persistente y que solo unas pocas civilizaciones lograrían superar con éxito. Una CiTE (Civilización Tecnológica Estable) es, justamente, una civilización tecnológica que logra atravesar ese período crítico y hacerse estable. Vimos que su especie inteligente debe construir cierto grado de altruismo para lograrlo y que cuando lo consigue, continúa desarrollando tecnología durante mucho tiempo, superando toda posible causa de extinción. La cultura altruista se mete en los  genes de la especie inteligente y la civilización se vuelve sumamente estable haciendo imposible el retroceso hacia prácticas autodestructivas anteriores. Más allá de la propia muerte del universo no encontramos nada capaz de matar a una CiTE; en consecuencia, las formas estables de tecnología deberían estar acumulándose en el universo desde que apareció la primera, hace  5000 o 6000 millones de años, hasta la actualidad.

En menos de 5.000 millones de años, aquí nos ha nacido Sol, la Tierra, la vida, la inteligencia y la tecnología, pensamos entonces que las civilizaciones tecnológicas estables son suficientemente longevas para funcionar como ladrillos de una estructura mayor. En esta entrada también exploraremos esa posibilidad.

Antes de meternos de lleno en el tema debemos mencionar dos ideas complementarias: La velocidad con que se puede expandir una civilización en su galaxia y  la relación entre el objeto inteligente, los objetos intervenidos y la distancia a la que se encuentran.

 

2.   Velocidad de expansión

Hemos visto que a largo plazo una civilización es más frecuente si funda colonias que si no las funda. Si nuestra propia civilización se estabilizara y pudiéramos seguir desarrollando tecnología ¿Cuánto tiempo tardaríamos en expandirnos por la Vía Láctea? La situación real variaría según existan o no existan otras civilizaciones allí afuera,  pero es necesario hacer la estimación al menos una vez como si estuviéramos solos en el espacio.

El Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA lleva adelante una competición llamada GTOC (Global Trajectory Optimization Competition)  cuyo objetivo es calcular las mejores trayectorias para colonizar 100.000 estrellas dispersas por la galaxia de modo de minimizar la energía utilizada [1]. Se supone allí que la colonización comienza 10.000 años después de ahora, cuando parten tres naves nodrizas desde nuestro sistema solar hacia las lejanas estrellas. De cada sistema colonizado pueden salir otras tres naves nodrizas, pero solo 2 millones de años después de haber llegado. En este video se ve una recreación. El Sol orbita el centro galáctico cada 205 millones de años y en menos de media vuelta se logra el objetivo.

La definición del problema tiene unos cuantos detalles importantes, pero lo que nos interesa a nosotros es que en menos de 100 millones de años, a una velocidad posible, los competidores logran colonizar la galaxia. 

Si las CiTEs existen desde hace 5.000 millones de años y la conquista de la galaxia lleva 100 millones de años, entonces una CiTE coloniza su galaxia en el 2% de su vida. Esta es la relación que usaremos.


3.   La velocidad de la inteligencia

Si quisiéramos viajar hasta la estrella más cercana a la velocidad de nuestros cohetes actuales, tardaríamos decenas de miles de años en llegar. Ningún hombre viviría el tiempo suficiente de modo que descartaríamos el proyecto. Sin embargo el problema tiene dos soluciones: viajar más rápido o vivir más años. No podemos viajar más rápido que la luz, pero podríamos concebir una estructura formada por hombres, capaz de durar millones de años.

Imaginemos una persona fabricando rayos de ruedas de bicicleta. Frecuentemente se detendría para buscar más tuercas y más varillas, o para encontrar la condenada punta de la cinta de embalar; pueden juntarse unos minutitos de calma pero después hay que intervenir. El jefe de Producción  brega para que todas las piezas estén a tiempo y puedan fabricarse las bicicletas. Hay que entregar un pedido y cada dos horas está recorriendo los puestos. Por su parte, el dueño de la fábrica entendió la necesidad de agrandar la planta y ya está construyendo un nuevo galpón. Cada dos o tres días se presenta para ver como sigue la obra. 

Mientras tanto, los economistas deciden de un mes para otro qué impuestos cobrarle a las pequeñas empresas y los hombres de traje discuten las políticas nacionales que se implementarán en los próximos años. 

Mucha gente debe intervenir para fabricar una humilde bicicleta, pero la frecuencia en que intervine cada uno depende dramáticamente del objetivo de la intervención; no es lo mismo fabricar los rayos de las ruedas que fijar una política de aranceles.

En los primeros cinco renglones de la Tabla 1 puede verse un resumen. Allí está especificado, para cada objetivo, con qué frecuencia se interviene, sobre qué se interviene y quién  interviene. Hemos ordenado la tabla para que la frecuencia sea creciente.


Objetivo Frecuencia Objeto intervenido Actor
Fabricar rayos de bicicleta minutos Rayo de bicicleta Operario
Entregar un pedido horas Conjunto de bicicletas Jefe de producción
Modificar la planta productiva días Edificio de la empresa Empresario
Determinar los impuestos de las empresas meses Economía nacional Economistas
Establecer políticas económicas años Instituciones de una Nación Políticos
Modificar la cultura
 en una civilización con tecnología
10^2 años Replicadores culturales  CiTEs
Modificar
 una especie prototecnológica
10^4 años Replicadores culturales y/o moleculares CiTEs
Modificar un sistema biológico 10^5 años Replicadores moleculares CiTEs
Modificar
 un planeta rocoso inerte
10^7 años Composición química CiTEs

-Tabla 1-

Pero la tabla sigue más allá del renglón cinco. Como ninguna persona vive el tiempo suficiente para poder intervenir cada 100 años, hemos imaginado los casos desde el sexto renglón en adelante. Si el objetivo de un actor inteligente fuera lograr que la humanidad abrace una cultura altruista, es imposible que ese actor fuera un ser humano. Los procesos culturales duran siglos o milenios y ningún ser humano viviría para decidirlos. Deberíamos esperar que el universo construya un actor inteligente cuya longevidad fuera de unos miles de años o mayor.

Una CiTE es el único actor inteligente cuya formación podemos argumentar y que podría intervenir sobre la evolución cultural de otra civilización. Una CiTE sería suficientemente longeva, tendría la tecnología para llegar hasta otros mundos e intervenir en ellos y conocería los mecanismos básicos de la evolución cultural. Solo necesitaría intervenir cada 100 o 200 años porque la inyección de replicadores culturales solo puede mostrar resultados varias generaciones después. En nuestra tabla, modificar la cultura humana sería el objetivo de la intervención, 100 o 200 años sería la frecuencia de la intervención y la CiTE sería el actor de la intervención. El ejemplo no es casual, uno de los tecnomarcadores que propusimos buscar en la Tierra es la intervención de una tecnología no humana sobre la evolución cultural.

Si una CiTE decidiera intervenir sobre toda la evolución de una especie prototecnológica, tal vez le bastaría hacerlo cada unos miles de años. Y si deseara modificar el sistema biológico de un mundo  se daría una vuelta por allí una vez cada 100.000 años. Según cual sea su objetivo, así sería su frecuencia de intervención. La intervención de una tecnología no humana sobre el sistema biológico local es otro de los marcadores tecnológicos que propusimos buscar en la Tierra en la entrada anterior.

Del sexto renglón en adelante, la Tabla 1 continúa imaginando intervenciones imposibles para los humanos pero perfectamente posibles para las CiTE. Por supuesto, si las CiTEs no intervinieran, la Tabla 1 debería modificarse, la inteligencia humana actuaría desde la primera línea hasta la quinta, siguiendo un objetivo cada vez. De allí en más, las cosas ocurrirían naturalmente, sin actor y sin objetivo. Pero aún en ese caso vale la siguiente relación:

En toda intervención inteligente el objetivo de la intervención determina con qué frecuencia se debe intervenir y ésta debe ser mucho menor que la longevidad del actor de la intervención.

Si el objetivo es realizar modificaciones culturales, las intervenciones deben ser cada cientos de años y  el actor de la intervención debe tener miles de años o más para poder operar con esa frecuencia. La relación es obvia, pero es mejor ponerla en evidencia porque no es común pensar en actores inteligentes no humanos. Aquí el actor es una variable más.

La Tabla 1 no está tan huérfana de ejemplos desde el sexto renglón hasta el final. Nuestra propia civilización ya está diseñando intervenciones en la atmósfera de otros planetas y pensando sistemas biológicos que los hagan parecidos a la Tierra. Estos proyectos exceden la vida de un hombre, están pensados para que los ejecute la humanidad.

No solo existe una relación entre el objetivo de la intervención y la longevidad del actor inteligente. También podemos relacionar el objetivo con la distancia entre el actor y el objeto intervenido.

Si quisiéramos modificar el sistema biológico de un planeta ubicado a 10 años luz de aquí, la Tabla 1 sugiere que deberíamos intervenir cada 100.000 años. Para poder recorrer 20 años luz, 10 de ida y 10 de vuelta, en 100.000 años, necesitaríamos viajar a unos 200.000 km/h. La velocidad de escape de la Tierra es de 40.000 km/h de modo que ya casi tenemos la tecnología de propulsión necesaria. Claro que nuestra civilización  debería tener mucho más de 100.000 años para poder ir y venir varias veces.

Si pudiéramos viajar más rápido, podríamos hacer más cosas en el mismo planeta y la Tabla 1 nos da una idea de lo que podríamos hacer. Pero hay un límite físico para la velocidad a la que se puede viajar. La teoría de la relatividad nos dice que ninguna señal puede viajar más rápido que la luz, unos 300.000 km/s.  Teniendo en cuenta esto, si viajáramos hacia otro planeta ubicado en el borde de la galaxia, a unos 100.000 años luz de aquí, moviéndonos siempre a 200.000 km/h, tardaríamos cientos de millones de años en ir y volver, y según la Tabla 1, con esa frecuencia de intervención no podríamos hacer nada.

A igual velocidad, el objetivo de una intervención determina con qué frecuencia se debe intervenir y por lo tanto, a qué distancia debe estar la cosa intervenida. Recíprocamente, la distancia a la que se encuentra un astro determina lo que el actor inteligente puede hacer allí. 

Pero hay un truco para mitigar esta restricción. Si nosotros deseáramos intervenir sobre un planeta ubicado en el borde de la galaxia, podríamos colocar un satélite que lo orbite e intervenir desde allí, contando la frecuencia de intervención desde el mundo hasta el satélite y no hasta la Tierra. Por supuesto, habría una demora inicial al realizar el viaje, pero luego tendríamos una frecuencia de intervención casi arbitraria. Una CiTE puede tardar 100 millones de años en llegar al borde de la galaxia, pero una vez allí, su frecuencia de intervención sería altísima. Lo mismo ocurriría si la intervención se operara ya no desde un satélite sino desde algún lugar dentro del propio mundo intervenido. En esta estrategia con demora inicial y alta frecuencia posterior, los actores de la intervención sí se distinguirían según su longevidad. Solo deberían ser suficientemente longevos para llegar hasta destino la primera vez.

Uno de los tecnomarcadores que sugerimos buscar en la Tierra es la existencia de lugares con tecnología no humana desde los cuales se llevara adelante una intervención.

Utilizaremos de aquí en más el hecho de que una CiTE es suficientemente longeva para intervenir dentro de la galaxia cualquiera sea su objetivo. Luego de una demora inicial, la duración de un proceso no depende de la frecuencia de intervención sino de las características del proceso intervenido. Suponemos, junto con la NASA que la Vía Láctea podría conquistarse a velocidades posibles en menos de 100 millones de años.


4.   La civilización pionera

Si bien esta historia será imaginaria, intentará dar una respuesta al curioso bache de eventos, entre los 3.000 y los 9.000 millones de años posteriores al Big Bang (fig.1).

Según las teorías actuales, el universo se originó hace unos 13.800 millones de años con una gran explosión. El estallido inicial solo produjo un 75% de hidrógeno y un 25% de helio; los elementos más pesados se formaron luego por acción de la gravedad. Unos 3.000 millones de años después ya había materiales suficientemente pesados para sostener un sistema biológico como el nuestro, con una química basada en el carbono. Esos materiales se agruparon formando los primeros planetas rocosos de nuestra galaxia. 1.000 millones de años más tarde, 4.000 millones de años luego del Big Bang, en algunos de esos planetas comenzaron a formarse los primeros replicadores moleculares. El germen de la vida había nacido. Mientras esto ocurría, otras estrellas seguían naciendo, nuevos planetas rocosos seguían formándose a su alrededor y más sistemas biológicos se sumaban a la historia galáctica encendiéndose uno tras otro, no muy lejos del centro de la espiral. 

La vida  emprendió un largo proceso evolutivo que iría desde los primeros replicadores químicos hasta las primeras criaturas inteligentes. Es muy difícil especular respecto a las características de estos procesos conociendo solo lo que ha ocurrido en nuestro mundo; pero esa generalidad ha sido el espíritu de nuestras entradas 5.1 y 5.2.

Extrapolando los tiempos de los procesos ocurridos en la Tierra, el pasaje desde la vida hasta la tecnología debió durar 4.000 millones de años más. Toda la zaga que se inició aquí con la formación del sistema solar, ya se podía iniciar en otras estrellas mucho tiempo atrás, cubriendo el ignoto bache que detectamos al principio. 8.000 millones de años después del Big Bang ya existían mundos ensayando tecnología,  especies culturales surgidas en los sistemas biológicos de la oleada inicial.

Ni la vida, ni la tecnología se encendieron en cualquier parte. En el centro de la Vía Láctea había demasiada densidad y las explosiones de supernova esterilizaban el espacio una y otra vez impidiendo la formación de moléculas complejas. Por el contrario, en el borde de la galaxia las estrellas eran demasiado infrecuentes para que el fenómeno biológico predominara. La probabilidad de formarse civilizaciones tecnológicas tuvo su máximo a una distancia aproximada de 13.000 años luz desde el centro galáctico (unos 4 kiloparcecs) [3]. Hubo un anillo alrededor del centro, en el plano de rotación de la galaxia, donde las civilizaciones tecnológicas comenzaron a encenderse como luciérnagas en la noche. Una zona "ricitos de oro" para las civilizaciones inteligentes de la galaxia. La figura 2 muestra la posible extensión de ese anillo.

Figura 2: Distribución de civilizaciones inteligentes en la Vía Láctea respecto a su distancia al centro de rotación. Z_{ETI} es el número estimado de civilizaciones.  1 Gyr equivale a mil millones de años y 1 Kpc son 3.261 años luz. La línea punteada representa el instante actual. A diferencia de lo que proponemos en el texto, el diagrama supone que las civilizaciones inteligentes mueren luego de un tiempo. Sin embargo es una buena representación del período y la región donde comenzaron a formarse [3]

Hace 5.000 o 6.000 millones de años, las especies tecnológicas se toparon una tras otra con la inestabilidad generada por su tecnología. La inestabilidad típica debe haber significado el colapso parcial de casi todos esos mundos. En algunos de ellos las especies inteligentes podrían haber sobrevivido para iniciar una segunda generación de eventos de inestabilidad típica, algunos miles de años después, con una genética más adecuada y mayores posibilidades de atravesarla con éxito. Pero ninguna civilización lograba superar la inestabilidad.

En algún momento ocurrió el destello, un hito evolutivo galáctico análogo a la aparición de la vida. Una de las civilizaciones tecnológicas de la camada inicial logra atravesar con éxito la inestabilidad típica e ingresar en una fase sumamente estable de su evolución. Nace la primera civilización tecnológica estable, la CiTE pionera de la galaxia.

Como resultado de miles de millones de años de evolución, de un montaje de capas sobre capas de estructuras preexistentes; núcleos atómicos, átomos, moléculas, replicadores moleculares, células, organismos multicelulares, redes neuronales, inteligencia, cultura y tecnología; nace en algún rincón de la galaxia, tal vez en la "zona dorada" de la figura 2, hace unos 5.000 millones de años, una estructura profundamente compleja con insospechadas posibilidades de perpetuación y con la capacidad potencial de modificar para siempre la naturaleza de los procesos evolutivos que estaban operándose en el resto de la galaxia.

No todo es imaginación. Si actualmente suponemos que existen  CiTEs en la galaxia, necesariamente sigue que debió existir una primera civilización. Si la ciencia comprobara la existencia de tecnología no humana,  automáticamente probaría la necesidad de una primera civilización tecnológica en la galaxia y la existencia de toda una historia subsiguiente. Esto es importante porque la ciencia está intensificando la búsqueda en este preciso momento y es necesario conocer las implicaciones de un hallazgo.

El nacimiento de la civilización pionera se puede caracterizar como el instante en el que su especie inteligente deja de ser autodestructiva, decide dejar atrás la agresividad como medio de resolución de diferencias y adopta una cultura altruista como principio de organización que le permita adaptarse al tamaño de su tecnología y a los límites de su planeta.

Las CiTEs en general y la civilización pionera en particular se pueden caracterizar así:

  1. Son sumamente longevas [6.1] [6.2] 
  2. Son sumamente tecnológicas. Esto incluye una tecnología para los viajes espaciales
  3. Funcionan como un actor inteligente unificado
  4. Sus especies tecnológicas son genéticamente altruistas 
  5. Sus especies tecnológicas están adaptadas a los límites de su mundo y al tamaño de la tecnología que generan
  6. Los individuos de sus especies tecnológicas viven en un estado de felicidad crónico

Debe haber transcurrido un lapso de intensas transformaciones antes de que la civilización mostrara en pleno estos seis rasgos. Sin embargo la "construcción del paraíso" no puede demorar más de unos siglos, tal vez 1.000 o 2.000 años. La colonización necesaria para completar el primer punto podría durar miles de años más; pero eso es irrelevante para nosotros; hace 5.000 millones de años nació la primera CiTE. Y todo parece indicar que todavía no murió.

Si la CiTE pionera surgió 8.000 millones de años después del Big Bang entonces sus habitantes deben haber estimado los mismos tiempos que nosotros; pero a diferencia nuestra deben haber reconocido que su presente coincidía con el momento en que el universo empezaba a presentar CiTEs. Si bien nosotros podríamos ser la civilización pionera, tendríamos que suponer que ninguna civilización ha superado la inestabilidad típica durante 5.000 millones de años, lo que resulta muy improbable. 8.000 millones de años después del origen, no era necesario suponer esa demora.

 

5.   Intervencionismo inteligente

Conforme la CiTE pionera  explora la galaxia, toma conciencia de su peculiar situación. No hay a la vista ninguna otra civilización tecnológica cuyos individuos sean lo suficientemente altruistas para atravesar la inestabilidad típica. Se impone un colosal trabajo de campo consistente en explorar, catalogar y registrar cada rincón de la galaxia. Se clasifican las estrellas según su generación, tamaño, luminosidad y longevidad; si la estrella porta un séquito de planetas orbitando, se nombran y clasifican. Se catalogan los rasgos que describen el estado evolutivo de cada mundo. Mundos sin vida, mundos con replicadores moleculares, mundos con organismos unicelulares, mundos con organismos multicelulares, mundos con organismos cerebrados, mundos con especies protoculturales, mundos con tecnología previa a la inestabilidad típica y mundos con todos los signos de haber sufrido un colapso catastrófico generado por una inestabilidad típica.

El panorama es desbordante y el trabajo de investigación y exploración es abrumador. Más y más datos alimentan gigantescos ordenadores donde unos algoritmos inteligentes relacionan y aprenden de la información. La civilización expande su conocimiento como nunca antes lo había hecho. Todo está allí afuera, y mucho es parecido a alguna instancia de su propio pasado. Pero no hay ninguna civilización tecnológica estable a la vista. ¿Qué hacer?

a) Intervenir para colonizar

Para ser longeva, la CiTE pionera debe establecer colonias en otros planetas. Colonizar no es un objetivo sino una consecuencia simple de la selección natural: las civilizaciones que establecen colonias son más longevas que las que no lo hacen porque vivir en varios mundos es más seguro que vivir en uno solo. Pero colonizar es intervenir; es sembrar organismos vivos o modificar la atmósfera o la temperatura o construir instalaciones edilicias. Si para ser longeva una civilización debe colonizar, y colonizar implica intervenir, entonces para ser longeva nuestra CiTE debe intervenir.  Este simple silogismo resuelve un problema grave. La CiTE no interviene porque lo ha decidido alegremente. Simplemente, las CiTEs que intervienen son más longevas que las que no intervienen. Y como todas las CiTEs pueden sacar esta cuenta, todas intervienen. Ya hemos dicho algo parecido.

En rigor, hay dos razones más para intervenir, aunque no tan matemáticas como esta. La primera es que intervenir para colonizar es lo que nosotros mismos haríamos. Ya hay personas pensando en como colonizar Marte o Ceres. Siempre es bueno suponer que una CiTE hará lo que nosotros haríamos si fuéramos una CiTE. La segunda razón es que intervenir representa el corolario obligado de cualquier civilización que esté explorando su espacio circundante.

La pregunta con que abandonamos el parágrafo anterior ¿Qué hacer?, tiene ahora  al menos una respuesta  incuestionable:  Intervenir para colonizar. Pero si bien a largo plazo las civilizaciones que establecen colonias son más longevas que las que no lo hacen, no hay una urgencia para establecerlas. La CiTE pionera ya se ha adaptado a su planeta y a su propio tamaño y ha resuelto tecnológicamente muchas posibles causas de extinción. No necesita expandirse para resolver un problema poblacional; controlar la población requiere mucha menos tecnología que colonizar un simple mundo.

Si no hay urgencias, debe primar la economía. Si el objetivo es contar con ciudades en otros mundos, es mucho más económico utilizar las ciudades ya construidas por otras especies tecnológicas que terraformar un planeta y adaptar su física y su biología para fundar ciudades autosustentables sobre ellos. Si sobre un mundo hay una ciudad ya construida, entonces deben haber mil. Pero las únicas ciudades que ha encontrado nuestra CiTE pionera están en mundos con tecnología inestable. Si las civilizaciones inestables colapsan durante el viaje de nuestra CiTE hacia ellas, tanto las ciudades como los íntegros planetas podrían volverse inhabitables antes de llegar. Pero aunque el viaje fuera breve y no existiera este problema, habría que tomar una decisión para usar sus ciudades: Extinguir a su especie inteligente; someter a su especie inteligente o ayudar a su especie inteligente a superar la inestabilidad y constituir otra CiTE con la que asociarse luego.

b) Intervenir para difundir una cultura altruista

Un aspecto enorme determina la decisión: Las CiTEs son altruistas. Sería muy bueno releer toda esta entrada porque allí determinamos cómo el altruismo se hace estable y asegura que una civilización abandone su naturaleza autodestructiva y jamás reincida en ella. El altruismo necesario para superar la inestabilidad típica modifica drásticamente las características de una CiTE y entre otras cosas impone un objetivo para intervenir.

Para conformar una CiTE, es necesario que la especie tecnológica tenga una genética altruista. No basta con un altruismo cultural. Los individuos deben sentir la necesidad de ayudar a los demás, del mismo modo como sienten hambre y sed. Una genética debe determinar ese sentimiento.  No se trata de un sentimiento que se pueda decidir sino de un sentimiento inevitable.

Hemos llamado amor fraternal al altruismo congénito. Gracias a esta característica los individuos acceden a cierto estado de felicidad.  El mismo altruismo que asegura la estabilidad de una CiTE aumenta la felicidad de las personas. Por esta razón, la genética para el altruismo, el amor fraternal, es un principio de organización que asegura la estabilidad de estructuras tan complejas como las civilizaciones tecnológicas. Las especies tecnológicas ya saben todo esto, conocen el valor del amor fraternal y lo veneran.

Nuestra CiTE pionera es una de estas cosas, y fabricar otra CiTE es fabricar otra de estas cosas. Una CiTE conocedora y cultora del amor fraternal no tardará mucho en imaginar una galaxia rebosante de CiTEs. Esas son las cosas estables que el universo construye si se lo deja librado a su suerte, la CiTE pionera es una prueba de ello; y es lo que el universo seguirá haciendo si nadie lo impide. Pero ¿para qué impedirlo? ¿Por qué nadar en contra de la corriente ahora que sabemos hacia donde va el río? ¿Para qué luchar contra la inevitable propensión del universo de fabricar cosas perdurables? ¿Por qué destruir el paciente trabajo de la naturaleza? ¿Qué cosa peligrosa puede salir de allí si toda civilización tecnológica debe adquirir una genética para el amor antes de estabilizarse y perdurar?

La perspectiva de un universo lleno de vida y en evolución debe revitalizar el amor fraternal de los individuos de la CiTE pionera. En otra entrada hablábamos de la necesidad de estallar hacia afuera; ahora existe un "afuera" hacia al que estallar, con mucho trabajo para hacer y muchos individuos hacia los que dirigir el propio altruismo. El objetivo es ayudar a construir más individuos conscientes; ayudar a los individuos a conocer el universo y ayudar al universo a conocerse a sí mismo.

Según nuestras estimaciones al iniciar la entrada, colonizar la Vía Láctea puede demorar menos de 100 millones de años, el 2% de la edad que tendría hoy la CiTE pionera. También estimamos que para intervenir en un mundo solo es necesario llegar hasta él. Esto sugiere que toda la galaxia podría estar siendo intervenida desde hace mucho tiempo, aún desde antes de que existiera nuestro sistema solar.

Cuando la CiTE pionera descubre y aprende a la galaxia, ésta se transforma en destinataria de su sentimiento de amor. El amor fraternal, dirigido hacia otros individuos, se ensancha y se transforma en amor universal, un sentimiento que impulsa a los individuos a trabajar por el bienestar de todo cuanto existe y no solo de otros individuos. 

El objetivo más consistente con la naturaleza de la CiTE pionera es la difusión de la cultura altruista hacia el resto de la galaxia. No se trata de una opinión, una cultura altruista y tecnológica debe ser más estable y frecuente que cualquier otra, y una intervención para difundir esa cultura es una intervención a favor de lo frecuente. Si la naturaleza selecciona lo frecuente, selecciona el intervencionismo de las CiTEs.

Si las CiTEs no intervinieran, de todos modos el universo las generaría. La cultura altruista se originaría de todos modos. Debe quedar bien claro que la genética para el amor se impone por selección natural, que las formas estables de tecnología no son posibles sin amor fraternal. Lo estable es frecuente y lo frecuente es positivamente seleccionado. El intervencionismo que difunde una cultura altruista no es una  opción para una CiTE sino la única alternativa posible.


6.   Distintas intervenciones en distintos mundos

El área de influencia de una CiTE es la región de espacio que está siendo intervenida directa o indirectamente por la CiTE. Para cumplir el objetivo de difundir una cultura altruista en una creciente área de influencia, se hace necesario realizar cosas distintas en sitios distintos, según el estado evolutivo cada mundo.

a) Intervenciones en un mundo inerte

Un mundo sin  vida pero con la capacidad potencial de albergarla puede ser sembrado por la CiTE pionera; entonces habrá que decidir qué sembrar dados los materiales existentes, la atmósfera existente, el rango de temperaturas, la radiación incidente y una cantidad de factores más. Habrá que saber qué sembrar en vistas a un propósito de transformación inicial preconcebido, una atmósfera prediseñada, una temperatura a alcanzar. Y sobre todo, habrá que saber qué sembrar para que el cultivo pueda estabilizarse e iniciar una fase de evolución por acumulación de mutaciones que no extinga la llama un millón de años después. Habrá que saber muchas cosas para determinar con qué cepas espolvorear esos mundos. Y cada aspecto es un verdadero universo de asuntos a considerar. 

Más allá de las posibilidades tecnológicas, sembrar  vida es iniciar un proceso que no podrá controlarse completamente; es dar comienzo a un sistema en evolución por selección natural donde muchas mutaciones ocurrirán al azar. Una intervención posible consiste en inocular en el momento oportuno pequeños avances respecto a las estructuras precedentes que tengan el éxito garantizado y que tal vez aparecerían naturalmente un tiempo después. Intervenciones de bioingeniería que serán más exitosas y seguras si consisten en modificaciones a criaturas preexistentes que si se tratara de la introducción lisa y llana de nuevas especies.

b) Intervenciones en un sistema biológico 

Mucho antes de intentar la vida en los mundos fértiles de la galaxia, la civilización pionera se habría involucrado en los procesos biológicos ya existentes. Su acción podría dirigirse entonces a los mundos con vida. El objetivo de avanzar hacia una especie inteligente que pueda desarrollar cultura y tecnología está ahora más próximo. Pero el trabajo por delante es casi tan exigente como antes. Y las dudas son similares. ¿Vale la pena el intento? ¿Ese mundo con vida no estará ya condenado por su estrella? Y si el intento vale la pena ¿Cuál es el plan? Un plan gigantesco, un plan de cientos o miles de millones de años de evolución. Un plan concebible solo si el actor inteligente es capaz de perdurar miles de millones de años. Un plan posible para una CiTE.

c) Intervenciones en un sistema cultural

Aún antes de lanzarse a intervenir en procesos evolutivos biológicos, la CiTE pionera se concentrará en los mundos que ya han construido inteligencia, cultura y tecnología; mundos con una especie muy particular sobre la que intervenir; una especie que  podría llevar en su seno la semilla del amor universal, el estigma de la eternidad o algo parecido a ella.

Nosotros imaginamos que la reciente CiTE pionera tratará de involucrarse en los procesos evolutivos de especies culturales antes de perseguir ningún otro objetivo en otros mundos. Aún más, entre estos mundos elegirá a los que estén más cerca de la inestabilidad típica, tal vez solo a miles o decenas de miles de años del período inestable. Las posibilidades de actuar sobre una especie en plena inestabilidad típica serían mucho menores porque allí todas las cartas evolutivas ya habrían sido jugadas. No habría tiempo para inyectar cultura y esperar el resultado. Nadie cosecha un limón al día siguiente de haber plantado la semilla.

Es importante entender que si la CiTE pionera (o cualquier CiTE posterior) logra inyectar replicadores culturales para crear y mantener una cultura altruista sobre una especie cultural pretecnológica durante cierto tiempo, tal vez miles de años, es altamente probable que la coevolución genético cultural actúe y construya elementos pro altruistas en la genética de algunos individuos de la especie. Al momento de la inestabilidad típica la intensidad de esta genética  y la masa crítica de sujetos pro altruistas podrían determinar el éxito.

A partir de la entrada siguiente mostraremos que existen muchas historias antiguas que cuentan que nuestra especie fue intervenida hace miles de años por una entidad inteligente no humana con el propósito de crear y mantener una cultura altruista.


7.   Asociación de civilizaciones

La civilización pionera ha catalogado cientos de miles de millones de mundos según su estado evolutivo y ha encontrado cerca de su casa un cúmulo de ellos en plena inestabilidad típica. Algunos no ofrecen dudas sobre un inminente fracaso. Los individuos de su especie inteligente aún no han tenido tiempo suficiente para que una cultura presionara sobre sus genes con la debida intensidad para mitigar su egoísmo y crear comportamientos altruistas. Se mataran salvajemente unos a otros en cuanto tengan la posibilidad tecnológica de hacerlo. En el otro extremo de la escala, algunos mundos presentarán altas probabilidades de atravesar la inestabilidad tecnológica del mismo modo como lo hizo la civilización pionera, sin la intervención de nadie. ¿Qué debe hacer nuestra CiTE pionera frente a esta inminente segunda CiTE?

Antes de seguir repitamos lo evidente. Si las CiTEs se están acumulando hace miles de millones de años y demoran menos de 100 millones de años en colonizar una galaxia típica, entonces ya hace mucho tiempo que han colonizado nuestra Vía Láctea. Lo mejor es suponer que las CiTEs ya se conocen; pero en ese caso debió existir un primer encuentro, donde la primera conoció a la segunda. Nuestra pregunta estalla frente a ese primer caso.

Podría ser que ambas CiTEs iniciales se encontraran sin que ninguna tuviera un conocimiento previo de la existencia de la otra o que la CiTE pionera conozca a la segunda luego de observar su proceso de formación y sin intervenir en él.  Naturalmente, la segunda CiTE también  especula sobre la existencia de la primera. Antes de que suceda, ambas sospechan el encuentro.  La nueva CiTE acaba de  superar la inestabilidad típica y conocer la importancia de una cultura altruista y de una genética para el amor fraternal; acaba de aprender que esta genética altruista es el fundamento para que las civilizaciones tecnológicas sean estables y para que las personas avancen hacia un estado de felicidad. Cuando una civilización atraviesa la inestabilidad típica se transforma en un objeto seguro, una civilización que se debe contactar.

No cabe duda que el contacto entre dos civilizaciones comienza siendo cuidadoso. La CiTE pionera siempre es más antigua y debe tener una tecnología superior. Sin embargo, a largo plazo, las dos CiTEs se asocian y sus tecnologías se emparejan entre sí. Esto es más fácil de ver con un ejemplo: los americanos y los europeos se conocen hace 500 años y ya están creando las primeras sociedades. ¿Cuánto más se asociarían actores que se conocen desde hace 10.000 años, o 50.000 o 100.000 ?

Pensando siempre en procesos inteligentes muy longevos desde la perspectiva humana, las CiTEs comienzan a asociarse y la asociación entre CiTEs vuelve a modificar todo. La unión de las primeras dos CiTEs conoce a una tercera y se asocian las tres. La nueva sociedad conoce a la cuarta y también se asocian. Es como un cristal que crece por agregación de moléculas dentro de un orden preexistente. También podría ser que una sociedad de cuatro CiTEs se asocie con otra de tres CiTEs. Realmente hay muchas posibilidades en la historia de una asociación numerosa, pero hay algunas cosas que están determinadas. El resultado del contacto entre civilizaciones altruistas longevas, siempre es la asociación.


8.   El agregado inteligente 

Llamamos agregado inteligente a la sociedad o confederación resultante de la agregación de CiTEs individuales. 

Cuando una civilización atraviesa la inestabilidad típica y se hace estable y perdurable, es suficientemente segura para asociarse al agregado. La agregación es posible porque las CiTEs se parecen . No se encuentran dos desconocidos que deben aprenderse antes de intentar un acercamiento. Ambas soportaron y superaron la misma aceleración de crecimiento; ambas afrontaron los mismos problemas, la misma tentación de utilizar tecnología nuclear para diseñar dispositivos destructivos, el mismo déficit ecológico cuando el mundo se les hizo estrecho, el mismo desorden de organización cuando la tecnología empezó a realizar el trabajo. Las CiTEs son similares y la agregación es posible porque se asocian actores parecidos.

5.000 millones de años es tiempo suficiente para que se construya el agregado. Recordemos que el propio Sol, la Tierra , la vida y todo lo que evolucionó después se formó en menos de 5000 millones de años. Si las CiTEs duran tanto tiempo, en la Vía Láctea debe existir un agregado en este momento.

Es necesario ver al agregado como un actor inteligente unificado y no como muchas civilizaciones asociadas, del mismo modo como un país surge cuando los estados que lo forman ceden parcialmente autonomía y se someten a las decisiones de la unión.

No tiene sentido pensar en dos agregados inteligentes. Si los hubiera,  los dos serían altruistas y suficientemente gregarios para asociarse. Todas las CiTEs que se conocen entre sí deben conformar un único agregado inteligente. 

Una de las consecuencias de la asociación es presentar un comportamiento unificado frente a formas inteligentes previas a las CiTEs. Esto es importante para descartar algunos argumentos. Nosotros conformamos una civilización tecnológica inestable; si una CiTE se presentara abiertamente ante la humanidad, todo el agregado lo habría decidido; y si el agregado decidiera no presentarse  abiertamente, ninguna CiTE lo haría.

En un agregado inteligente la tecnología se unificaría. No tiene sentido que unas CiTEs tuvieran más tecnología que otras cuando la igualdad es parte de la cultura que promueven. Si una civilización diseñó un dispositivo para viajar a más velocidad, todas las CiTEs del agregado tendrán a disposición esa tecnología.

Tenemos que pensar a las CiTEs como unidades de inteligencia en el cosmos; como el modo en que el universo acumula inteligencia. Las CiTEs son células estables dentro de una estructura mayor que es el agregado inteligente, del mismo modo que sus células están dentro de una estructura mayor que es usted.

Si las ciudades de los mundos del agregado están abiertas a todos los individuos, ya no es necesario que una CiTE establezca colonias. Esto resuelve el problema inicial, donde las CiTEs intervienen su espacio para establecer colonias y sobrevivir a fenómenos locales de extinción. Si las CiTEs se asocian con otras CiTEs, pueden usar sus ciudades y olvidarse de las colonias. La selección natural no favorecería a las civilizaciones colonizadoras sino a las que logran asociarse con otras, porque asociarse es más económico que establecer colonias y el resultado evolutivo es el mismo: evitar peligros locales teniendo otros mundos donde ir. Por esta razón, si existieran CiTEs pro asociación y CiTEs anti asociación, las primeras serían mayoría y el agregado estaría asegurado. Como toda CiTE conoce este sesgo natural, todas se asociarían. Notemos sin embargo que ya sean colonizadoras o asociativas, las civilizaciones necesitan intervenir.

Si bien el amor es un impulso genético, a nivel galáctico  es un principio de organización que asegura la existencia de las CiTEs en particular y del agregado en su conjunto. Cuando el universo construye una sociedad de civilizaciones tecnológicas estables, está edificando la capacidad de conocerse, pero entonces el amor fraternal es el principio que asegura que el universo se conozca a sí mismo.


9.   El intervencionismo inteligente y la probabilidad de ocurrencia

La probabilidad de arrojar un dado y que salga un 3 es de \frac{1}{6}, un acierto sobre seis posibilidades. Si arrojamos 10 veces el mismo dado, la probabilidad de que las 10 veces salga 3 es  ahora de  (\frac{1}{6})^{10}, una vez en 165 millones de intentos. Claro, si después de cada tirada, independientemente de lo que haya salido, acomodamos el dado con la mano para que nos quede un 3 hacia arriba, la probabilidad de "acertar" 10 veces será de un 100%. Como es obvio, si pudiéramos colocar los números con la mano, acertaríamos siempre.

Lo interesante aparece cuando la capacidad de intervenir adrede en un proceso naturalmente aleatorio también nace en un proceso aleatorio.  Si cada un millón de civilizaciones tecnológicas una se hace estable, la probabilidad de CiTEs sería de 1 en 1.000.000. Pero si esa CiTE resultante interviene en la evolución cultural de las otras 999.999, la cantidad de CiTEs obtenidas sería mucho mayor [4]. De hecho, si en todas las civilizaciones intervenidas se lograra la supervivencia de la especie inteligente aunque colapse su civilización, es muy probable que todas logren atravesar la inestabilidad típica después de repetir el curso varias veces, porque la genética altruista es acumulativa. En ese caso, todas las civilizaciones tecnológicas inestables lograrían hacerse estables después de un tiempo. Intervenir sobre un proceso aleatorio es como acomodar los dados con la mano.

El fenómeno se retroalimenta. Una vez que nace la primera CiTE, el intervencionismo inteligente incrementa drásticamente la probabilidad de que nazcan otras, se asocien con ella y se forme un agregado inteligente. Pero un agregado inteligente tiene más capacidad de intervención que una sola CiTE, entre otras cosas porque su área de influencia es ahora mayor. La pericia para intervenir con éxito también debe aumentar. A medida que el agregado se agranda y su capacidad de intervención gana experiencia, la tasa de éxitos aumenta y más civilizaciones tecnológicas se hacen suficientemente altruistas para ser estables e integrarse al agregado. El aprendizaje que un agregado debe efectuar para intervenir en la cultura de otra civilización nos permite imaginar un posible contrapunto entre el tutelaje cultural abierto y la inyección cultural discreta. 

El agregado puede intervenir en procesos evolutivos muy anteriores a la una inestabilidad típica; de hecho puede intervenir en todo el proceso que se inicia con un mundo inerte, y termina en una especie tecnológica.  Aunque existiera baja probabilidad de que un mundo inerte desarrolle vida por si solo, o que un mundo con vida desarrolle tecnología naturalmente, si un actor inteligente interviene acomodando los dados con la mano, entonces las probabilidades se incrementan drásticamente.

Según todo esto, solo es necesario que aparezca una civilización tecnológica estable y que intervenga en todos los procesos evolutivos de su área de influencia para que las probabilidades naturales se incrementen drásticamente.

En 5.000 millones de años hubo tiempo suficiente para que la CiTE pionera de nuestra galaxia  interviniera sobre especies tecnológicas cercanas a la inestabilidad típica e incentivara la formación de otras civilizaciones con las que luego asociarse. Y nuevamente entonces, ya debe existir un agregado inteligente en la Vía Láctea.


10.   Las teorías de la Tierra Rara

La postura general es que tanto la vida  como la tecnología son fenómenos comunes en la galaxia y existe actividad científica tendiente a encontrar huellas que demuestren que esto es así. Pero existen otras teorías que afirman lo contrario; que es muy poco probable que un mundo inerte desarrolle un sistema biológico o que la vida desarrolle inteligencia, cultura y tecnología. La teoría de la Tierra Rara  [5] admite la posibilidad de que la vida unicelular pueda florecer con cierta frecuencia pero sostiene que las formas superiores de vida son sumamente improbables y que el caso terrestre sería muy raro.

Para explicar la existencia de nuestra civilización, estas teorías recurren a una forma de principio antrópico: Es muy improbable que existamos, pero existimos, y como existimos nos sorprende que existamos siendo tan improbable. Es una respuesta racional que se basa en un hecho, pero que no lo explica. El principio antrópico puede explicar por qué nos sorprende nuestra rareza, pero no explica nuestra existencia. 

El intervencionismo no atenta contra las teorías que piensan en la tecnología como un fenómeno improbable pero explica por qué existimos siendo tan improbables.  Aunque las probabilidades de vida compleja y de tecnología estable fueran inicialmente muy bajas, el intervencionismo de una esporádica CiTE iniciaría un proceso retroalimentado que haría que las probabilidades subieran rápidamente en el resto de los casos. La tecnología puede ser muy improbable, pero el intervencionismo inteligente asegura que, aún así, nosotros no seamos excepcionalmente raros.

Figura 3: Ambos gráficos indican la probabilidad P de que nazca una CiTE a partir de un sistema biológico. En el primer gráfico la probabilidad es baja y constante, y las chances de que la humanidad exista son igualmente bajas. En el segundo gráfico las probabilidades son bajas al nacer la primera CiTE y luego se incrementan debido a su intervencionismo.

11.   Conclusión

Intervenir sobre procesos evolutivos astronómicos puede ser imposible para un ser humano pero es perfectamente posible para una civilización tecnológica estable o un agregado de ellas, porque existe una relación entre la duración del proceso intervenido y la longevidad del actor inteligente. Del mismo modo existe una relación entre ese actor y su distancia al objeto intervenido. En particular, nuestra galaxia puede ser colonizada por una CiTE en menos de cien millones de años.

En la Vía Láctea pueden existir CiTEs hace 5.000 o 6.000 millones de años. Las CiTEs son longevas y gregarias, tienen tiempo suficiente para conocerse y sus historias se parecen porque incluyen una inestabilidad tecnológica en su nacimiento. Esto determina la formación de una sociedad o agregado inteligente, formado por muchas CiTEs

La formación del agregado inteligente es un fenómeno que se retroalimenta. Dos CiTEs se asocian, la sociedad que forman se asocia con una tercera y este agregado se asocia con una cuarta. Los integrantes de la sociedad son CiTEs que nacen como consecuencia de la intervención de CiTEs anteriores, empezando por una CiTE pionera. Conforme pasa el tiempo, la cantidad de CiTEs agregadas y la pericia para intervenir en la cultura de otras civilizaciones y promover más CiTEs, van en aumento.

Aunque la probabilidad natural de formación de una CiTE sea muy baja, la existencia humana prueba que no es nula. Si las CiTEs intervienen, la existencia de un primer caso aumenta drásticamente las posibilidades de que existan otros. El intervencionismo inteligente explica por que existimos pese a que las civilizaciones tecnológicas son tan raras, sin recurrir al principio antrópico.

Por último, el intervencionismo no es una opción sino un resultado obligado. Si existieran CiTEs intevencionistas y CiTEs no intervencionistas, las primeras formarían agregados y las segundas no. La complejidad de las segundas estaría acotada. Las CiTEs lo sabrían y todas serían intervencionistas. Cuando la selección natural se puede deducir, ya no es necesario esperar que la naturaleza seleccione.


Si el intervencionismo inteligente es tan común en la Vía Láctea, deberían existir huellas de intervención en la Tierra. A partir de la siguiente entrada veremos que existen evidencias de una colosal intervención inteligente no humana en la cultura de los hombres tendiente a sostener una cultura altruista en vistas a un evento de inestabilidad típica pronosticado.

 

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[1]https://gtocx.jpl.nasa.gov/gtocx/
[2]Hoffman, Y., Pomarède, D., Tully, R. et al. (2017) El repelente dipolo. Nat Astron 1, 0036. https://doi.org/10.1038/s41550-016-0036
[3]Xiang Cai1, Jonathan H. Jiang, Kristen A. Fahy , Yuk L. Yung (2020) A Statistical Estimation of the Occurrence of Extraterrestrial Intelligence in the Milky Way Galaxy Galaxia, 9 (1), 5; https://doi.org/10.3390/galaxies9010005
[5]Ward, Peter y Brownlee, Donald. (2003) Rare Earth. Why the complex life is uncommon in the universe. Copernicus Books



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